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¿CÓMO CUIDAR A UN PERRO SENIOR?

El proceso del envejecimiento representa una etapa del natural desarrollo de cada ser vivo. Durante esta etapa se van consolidando cambios celulares, orgánicos y metabólicos que empiezan ya durante la madurez. ¿Cuándo considerar a nuestra mascota un perro senior? Depende del tamaño, un dogo argentino o doberman suele ser senior a partir de los 7 años, mientras la vejez de un caniche o teckel comienza a los 10 años. El manejo del perro mayor debe adaptarse a los cambios que el envejecimiento conlleva. Unos pequeños gestos pueden ayudar a que la convivencia con nuestro viejo amigo no sufra un desgaste.

Reacciones lentas

El perro mayor será en general más lento, tendrá la tendencia a dormir más y reducir su actividad física y demostrará menos paciencia. Estos cambios dependen por un lado de la reducción de la eficiencia de los órganos de los sentidos y por otro de una reducción de las capacidades cerebrales del animal. Ten paciencia con tu peludo.

Reducción de capacidades sensoriales

La reducción de la capacidad auditiva y visual hace que el perro esté menos seguro de sí mismo y que pueda reaccionar con miedo a algunos gestos porque no oye o ve con claridad. Muchos animales beben o comen menos en relación a la perdida de olfato o de la percepción del gusto, pero también en relación a la disminución del ejercicio físico. En este caso no deberías exigir mucho a tu mejor amigo de cuatro patas.

Pérdida de apetito

El perro senior tiene menos actividad física y menos olfato, y por lo tanto, tendrá menos ganas de comer. Es de vital importancia ajustar la alimentación: se recomienda reducir la cantidad y repartirla en más dosis y mejorar la calidad del alimento. Una alimentación más húmeda provocará menos deshidratación que una alimentación basada en solo piensos. Además se aconseja añadir suplementos naturales como complejos vitamínicos, antioxidantes y prebióticos a una alimentación equilibrada.

Menos tolerantes

Sabemos que todos los seres vivos en la tercera edad suelen mostrarse menos tolerantes ante el trato. Así también un animal mayor puede volverse menos tolerante a ser manejado, a los ruidos, a la presencia de muchas personas, sobre todo a los juegos de niños o de cachorros activos. Respeta sus humores y explícale qué estás haciendo. La comunicación con él es vital.

Ejercicio a medida

Un perro senior tiene la tendencia a reducir su actividad. Pasa más tiempo durmiendo, se cansa más fácilmente. Es importante estimular una actividad física moderada, evitando un estrés perjudicial. Correr o llevar al perro a pasear en horas en las cuales no haya un calor o un frío excesivo representan medidas importantes, considerando el estado del perro más sensible a golpes de calor y a resfriarse. Si no quiere hacer algunos movimientos como sentarse o tumbarse, no quiere subir o bajar las escaleras, puede ser que sea porque tiene dolor y sufre de algún tipo de artrosis. También podemos notar que se cansa más y en este caso sería oportuno controlar su función cardiaca. Será oportuno aumentar la cantidad de los paseos y reducir su duración: esto es porque es posible que el perro mayor no pueda contener la orina como antes y así le proporcionaremos la posibilidad de salir más veces sin que se canse demasiado.

Dolores crónicos

El cambio del metabolismo y la disminución del ejercicio físico suele ir acompañados con un cambio de peso, en la mayoría de los casos con sobrepreso, que a su vez conllevará un mayor riesgo de padecer problemas en los huesos y articulaciones. Se aconseja la visita regular al veterinario al respeto para evitar que el perro sufra dolores. Igual se recomiendan terapias complementarias, terapias manuales como acupuntura, fisioterapia, shiatsu y otros masajes caninos para mejorar la energía vital.

Enfermedades degenerativas

Muchos perros mayores tienen el Síndrome de Disfunción Cognitiva. A menudo hay síntomas de desorientación, agresividad, apatía o falta de memoria. Sus síntomas se parecen mucho al Alzheimer humano. Orinar o defecar en lugares inapropiados y problemas de insomnio son otros signos de este síndrome. Desgraciadamente, considerado el carácter degenerativo de la enfermedad, las curas que se pueden proponer son paliativas y no resolutivas, aunque en algunos casos pueden mejorar la calidad de vida del perro. Nutracéuticos y prebióticos se han demostrado útiles. Los más utilizados y estudiados son las vitaminas E y C, el Beta-caroteno y el Selenio, la L- Carnitina y Ácido Alfa lipoico, vegetales ricos en antioxidantes. En estos casos sería importante consultar con un experto del comportamiento que indicará las opciones más adecuadas al caso del animal.